Transposición, Mario Vélez, Gustavo Niño, Santiago Andrés Torres

13 de febrero - 10 abril  2020

Horario

Lunes - viernes: 9:00 a.m. - 6:00 p.m. 

Carrera 11A # 69 - 35, Bogotá, Colombia

En 1980 el investigador y matemático francés Yves Chevallard dictó su primer curso sobre transposición didáctica con este concepto se incorporaron nociones tales como la de sistema didáctico, contrato didáctico, esquema conceptual e ingeniería didáctica, entre otros. Por esta razón el eje discursivo de esta curaduría ha recurrido a la metodología de la transposición de saberes sabios o altamente especializados a saberes de la experiencia. El conocimiento requiere ser dispersado e inoculado, por lo tanto la difusión, de un saber ilustrado debe ser modificado, de manera que resulte comprensible y accesible a otros investigadores y a la sociedad donde se transmite. En Colombia es inminente la reestructuración de los métodos de la enseñanza y el intercambio de saberes para ejecutar una adecuada economía de intercambio de conocimientos.

En este proyectó la disposición de las piezas en el espacio y las series reunidas, intentan ofrecer una panorámica de algunos de los gestos que han caracterizado las diversas etapas de la producción creativa de Mario Vélez, que en 30 años ha conseguido configurar una dialéctica pictórica y desde esa experiencia virar hacia la escultura e instalación. En ese orden de ideas las obras de Gustavo Niño y Santiago Torres añaden elementos dinámicos que abordan otras formas de comprender la pintura abstracta.

Para disponer este ejercicio curatorial debemos referenciar la abstracción analítica en pintura (Analytische Malerei), término acuñado por el historiador y crítico de arte Klaus Honnef en 1974. Movimiento pictórico que abarcó Italia, Alemania, Francia y los Países Bajos. Estos orígenes de emplazamiento permiten enlazar los métodos de pensamiento que cada artista procura transferir a sus obras y son los gestos que se materializan en las piezas aquí instaladas.

Un componente significativo a destacar de esta exposición es el método que cada artista incorpora en su practica creativa, en donde la exploración de las posibilidades expandidas de la pintura, es un común denominador y catalizador, por este motivo los procesos desplegados en esta exhibición, se caracterizan por una meticulosa manera de distinguir el material pictórico y sus respectivas cualidades físicas, por ejemplo la viscosidad del pigmento y la estratificación del color funcionan como formas de expresión que convergen en discursos divergentes. En la serie “Desafiar el Caos” Mario Vélez emplea el color del oro no solo como un material precioso, sino también describiendo su significado simbólico como un elemento vital y metafísico que puede trascender a la perfección. Para Gustavo Niño las formas inestables, los ejercicios de contraponer colores y mezclarlos aleatoriamente con medios de reproducción serigráfica, se convierten en una manera de dirimir la tradición textual y académica de la pintura abstracta. Por otra parte se encuentran las experimentaciones cromáticas de Santiago Andrés Torres que le permiten manifestar el resultado de su experiencia como mediador de paz y conflicto, proponiendo una revisión del paradigma de inclusión/exclusión de seres y saberes de las comunidades indígenas colombianas, entre estas piezas se destacan los hongos modulares.

Este perfil de análisis en donde la pintura sirve como puente de tránsito hacia distintas áreas del conocimiento es un elemento de investigación intrínseca a cada artista y es evidenciado en su cuerpo de trabajo. Esto quiere decir que mediante la pintura podemos acceder a dimensiones conceptuales más amplias que la misma práctica pictórica. Podemos comprender la pintura como una metodología para ejercitar la mente y establecer relaciones conceptuales con discursos fuera de la historia del arte.

La transposición de emotividades y las perseverantes formas de abstracción analítica que estas prácticas artísticas han suscitado, resultan un componente trascendental a ser observado y analizado por nuestra sociedad; si en este momento se está discutiendo la relevancia de la creatividad, de lo transcultural y la diversificación de los saberes para convertirnos en una civilización concordante con las dinámicas del siglo XXI. La participación del arte y sus métodos de transmitir, materializar y expresar conceptos debería ser una política del conocimiento, la cual a su vez sería pertinente para incorporar en los programas de enseñanza de distintas disciplinas. Aspirar a que cada individuo descubra su sensibilidad intelectual, debería ser uno de los pilares de la cultura, para cimentar una sociedad igualitaria y progresiva en el contexto de la llamada cuarta revolución industrial, la cual se caracteriza por construir capital desde el saber transdisciplinar.

Curador: John Ángel Rodríguez