El oficio manual, cuya práctica y perfeccionamiento consiste en repetir una y otra vez la misma acción, ha sido, por tradición, un oficio de mujeres. Dentro de un contexto de desigualdad, el oficio quedó relegado y menoscabado. Por esto, muchas mujeres hoy en día evitan volver a abordarlo; temerosas de que la sociedad nuevamente encasille y desmerezca su rol en un mundo que lucha por ser más justo. La obra de María Jimena es una manera de reconciliarse con este oficio manual. En esta muestra se puede ver como ella lleva al extremo un material aparentemente femenino valiéndose únicamente de un sencillo ejercicio manual repetitivo. Su intención consiste en exaltar y exagerar las características de este oficio y del material, en un intento por devolverles sus fuerzas y liberarlos.

 

El interés inicial de la artista era sublimar la belleza de los ciclos naturales. María Jimena quiso explorar los procesos de cambio inevitables de la naturaleza, de aquello que está vivo, de lo orgánico; recuperar las imágenes propias del deterioro y de lo efímero. Durante este camino exploratorio, sin embargo, fue encontrando por casualidad su intención de resaltar y reconciliar el oficio y el método de lo artesanal. Así, al combinar estos dos elementos, la obra logra aproximarnos a nuevos patrones y conceptos de belleza en algo ya bello y cotidiano: las flores.

 

La obra, por su resultado estético, destaca y hace honor a aquellos objetos, momentos y oficios cotidianos que pasan desapercibidos. A través de las flores, que vemos cada día en los árboles y jardines, o adornando nuestras casas, la artista construye una realidad diferente, en la que el espectador inevitablemente enfoca su atención. Cada pétalo importa en esta obra, recordándonos la fuerza de su carácter pictórico, la impermanencia de la vida y lo bello de un trabajo hecho con rigurosidad e insistencia, que ante nuestra vista nos hacen dudar. ¿cómo se hizo? ¿Con qué se sostienen? ¿Son reales?

 

Lo particular de estas piezas es que aun queriendo resaltar lo cotidiano, no representan la realidad como es. Por el contrario, a partir de la búsqueda por el carácter pictórico de cada elemento, y a través de un orden innatural, establecido por la artista, unas veces tan simétrico que se vuelve mecánico, logra llamar nuestra atención para así acordarnos de lo cotidiano.

 

Unas veces con obras que pretenden conservar un momento efímero de la naturaleza y congelar así el tiempo: reproducciones casi tangibles de estos pétalos expuestos y enmarcados. Y otras veces con obras que hacen gala del carácter efímero de la materialidad en donde es evidente que lo que estamos viendo hoy, seguramente no lo volveremos a ver de nuevo.

 

 

Traditionally seen as a women’s labor, the manual labor contains the acts of repetition and improvement. Prevailed within the context of inequality, many women intentionally stay away from its allure; fearful to be distanced again from the world that strives to be more just. With her work, María Jimena reconciles with this manual craft. She takes an apparently feminine material to the extreme by using only a simple repetitive manual exercise. She aims to exalt and exaggerate the characteristics of this labor as well as the material, in order to give them back their strength and set them free.

Initially, María Jimena wanted to sublimate the beauty of natural cycles. She wanted to explore the processes of unavoidable change of nature, of what is alive, of the organic; recover the images of deterioration and the ephemeral. During this exploratory journey, however, she found an intention to highlight and reconcile the craft and the method of craftsmanship. Thus, by combining these elements, her work approaches new patterns of beauty in something already beautiful and everyday: flowers.

With its aesthetics, the work highlights and honors those objects, moments and mundane labor that go unnoticed. Through processing the flora that surrounds us daily, the artist constructs a different reality, in which the viewer inevitably focuses her attention. Each petal matters in this work, reminding us of the strength of its pictorial character, the impermanence of life and the beauty of a work done with rigour and insistence. María Jimena leaves us asking, how the work was made, if the flowers are real. 

 

Arguably, even by highlighting the everyday, these pieces do not represent reality as it is. On the contrary, from the search for the pictorial character of each element, and through an unnatural order, the symmetrical becomes mechanical. Here the act of labor draws our attention to the everyday.

With her tangible reproductions of the petals, María Jimena succeeds in preserving an ephemeral moment of nature. Something that with its ephemeral character of materiality only exists in this moment.