Jose Uribe y Juan Camilo Mutis, Abstracte complexio

17 agosto 2018 - 10 octubre 2018

Horario

Lunes - viernes: 9:00 a.m. - 6:00 p.m. 

Carrera 11A # 69 - 35, Bogotá, Colombia

En menos de medio siglo la abstracción se estableció como eje temático principal del arte, para luego dejar en evidencia una frontera conceptual del mismo. La abstracción no-referencial supuso la construcción de un sistema cerrado en la pintura; objetos cuya existencia estaba justificada únicamente como soporte del medio. Esta tautología se mantiene vigente hoy en día, sin embargo diversas rutas de experimentación se han trazado y actualizan las posibilidades del trabajo no-figurativo en el arte hoy en día. 

 

La pintura, vehículo histórico del arte, exhibió durante el último siglo una dramática descomposición muy explícita en el plano formal. Pasar de la verosimilitud cautivante de ‘La Libertad guiando al pueblo’ de Delacroix a la contundente presencia del ‘Cuadrado negro’ de Malevich, supuso un giro cuyas implicaciones son igual de profundas a nivel formal como estructural. El cambio que vivió el género y la técnica en la pintura (nivel táctico) corresponde a lo que podría interpretarse como una somatización de un proceso transformativo conceptual (nivel estratégico). Tradicionalmente se atribuye al auge de la cámara fotográfica una agencia de catalizador que llevaría a la pintura (y por extensión, al arte) a revaluar su propósito, abandonando el proyecto central de la representación hasta entonces medido en términos de fidelidad y simbolismo de la imagen.

Si la fotografía puede capturar con mayor fidelidad la realidad física, entonces la tarea de la pintura no puede ser más la de la representación. A partir de ese momento, el acercamiento que se tiene a la obra pictórica no es más desde ‘qué significa o representa’, sino de ‘qué puede hacer’. Esta transformación se caracteriza por una reorientación del modelo vertical objeto-representación a uno horizontal de configuración-materialización. Es decir que la pintura pasa de ser un soporte sobre el cual se busca imitar/retratar/comunicar para constituirse como la actualización de un plano virtual de posibilidad. 

 

Corresponde entonces a la pintura una actividad exploratoria que se pregunta sobre cómo sus partes oscilan, vibran y se relacionan, cómo dividen y organizan el espacio, generan dinámicas internas y externas. Esto ocurre en el cuerpo de la pintura, es decir que precede cuestiones de género. Así pues, el producto de estas articulaciones puede ser cualquiera: figurativo, abstracto, o una variación intermedia (como el expresionismo abstracto, el Gutai japonés, etc.). Estos son lenguajes sintéticos activos que dirigen la actualización de las posibilidades pictóricas, y su principal modo de diferenciación es morfogenético.