El siglo XX se caracteriza por ser un periodo en la historia del arte colombiano marcado por la emergencia de propuestas artísticas que cambiaron profundamente el panorama de la escena nacional. Esta generación de artistas nacionales se formó en  escuelas y movimientos occidentales que establecieron nuevos lenguajes de aproximación a cuestionamientos estéticos. Sin embargo, fue su regreso a Colombia el que les permitiría articular respuestas a sus cuestionamientos plásticos y conceptuales desde una perspectiva única y fresca.

 

La recopilación de obras de esta exposición busca mostrar el lenguaje decantado al que llegó como conclusión cada artista tras décadas de rigurosa exploración académica y conciencia histórica. Atendiendo problemas que les ofrecían sus medios particulares, estos artistas exploraron de manera exhaustiva las posibilidades formales y comunicativas de los materiales a su disposición. Eduardo Ramírez Villamizar encontró en la madera, el metal y los polímeros la versatilidad y rigidez para trabajar un lenguaje abstracto y minimalista con una marcada influencia precolombina. Un proceso que llevó a cabo también Olga de Amaral  examinando las posibilidades plásticas del tejido para producir piezas en el intersticio entre arte y artesanía.

 

Estos ejercicios plásticos —explícitos en su distorsión de la materia— se manifiestan de una manera más discreta pero igualmente transgresiva en la pintura colombiana de este periodo. Artistas como Ana Mercedes Hoyos y Fernando Botero ofrecen dos soluciones distintas a problemas pictóricos en común, destacando imágenes que dan cuenta de la atmósfera que envolvía al país durante la segunda mitad del siglo XX. 

 

La yuxtaposición de estas obras genera diálogos que visibiliza búsquedas de lenguajes propios  explorando diversas materializaciones. Reencontrarse con estas piezas  permite al espectador ver la vigencia que continúan teniendo estos artistas. Transgresores en su momento, se atrevieron a construir mas preguntas a través de sus reflexiones plásticas para el escenario contemporáneo. Al desdibujar una línea que se impone usualmente rígida en la historia para distinguir moderno de contemporáneo, esta muestra de obras propone una conversación dinámica de encuentros.

 

The twentieth century is characterized by being a period in the history of Colombian art marked by the emergence of artistic proposals that profoundly changed the landscape of the national scene. This generation of national artists was trained in Western schools and movements that established new languages ​​to approach aesthetic questions. However, it was his return to Colombia that would allow them to articulate answers to their plastic and conceptual questions from a unique and fresh perspective.

 

The collection of works from this exhibition seeks to show the decanted language that each artist arrived at after decades of rigorous academic exploration and historical awareness. Attending problems offered by their particular means, these artists explored exhaustively the formal and communicative possibilities of the materials at their disposal. Eduardo Ramírez Villamizar found in wood, metal and polymers the versatility and rigidity to work an abstract and minimalist language with a marked pre-Columbian influence. A process that was also carried out by Olga de Amaral, examining the plastic possibilities of weaving to produce pieces in the gap between art and craft.

 

These plastic exercises-explicit in their distortion of matter-are manifested in a more discreet but equally transgressive way in Colombian painting of this period. Artists such as Ana Mercedes Hoyos and Fernando Botero offer two different solutions to common pictorial problems, highlighting images that account for the atmosphere that enveloped the country during the second half of the twentieth century.

 

The juxtaposition of these works generates dialogues that make visible searches of their own languages ​​by exploring different materialisations. Reencounter with these pieces allows the viewer to see the validity that these artists continue to have. Transgressors at the time, dared to build more questions through their plastic reflections for the contemporary scenario. By blurring a line that usually imposes itself rigid in history to distinguish modern from contemporary, this exhibition of works proposes a dynamic conversation of encounters.